Detrás de Nuevas Hazañas Bélicas: Entrevista a Hernán Migoya 10/09/2019 – Publicado en: Blog

En Comicmanía 2, nuestro compañero Tonio L. Alarcón escribió sobre Nuevas Hazañas Bélicas en nuestra sección de Grandes clásicos, acompañando el artículo con un fragmento de entrevista a su autor Hernán Migoya. Ahora, en exclusiva en nuestro blog, os presentamos la entrevista completa.

 

– Revisando los dos álbumes con formato francés de Nuevas Hazañas Bélicas, me ha sorprendido toparme con un tono menos paródico que la serie posterior. ¿Fue algo buscado, o te salió así de forma natural?

Sí, supusieron las dos primeras aportaciones a mi concepto de Nuevas Hazañas Bélicas y quise que se enmarcaran dentro del género épico, tan poco hollado en España desde hace décadas. Casi siempre se tiende al drama victimista y al tremendismo buenrollista, así que, sin renunciar al impacto que per se tiene una guerra como gran tragedia, me propuse crear dos historias de acción, violencia y pasiones desatadas.

Tuve la suerte de contar con dibujantes espectaculares en ese registro, Bernardo Muñoz para el álbum Unidos en la División y Carlos ‘Perro’ García para Dos águilas de un tiro (con una introducción extraordinaria de diez páginas de Beroy, quien para mí es una leyenda viva). Mis historias suelen ser siempre muy viscerales, en la línea de los cómics de Frank Miller, las novelas de Charles Williams o las pelis de John Milius, así que disfruto como un cerdo metiendo a mis personajes en situaciones extremas y obligándoles a recurrir a acciones reprobables si desean sobrevivir. Básicamente, una metáfora desaforada de lo que son nuestras vidas cotidianas.

– ¿Tenías pensado desde el principio contar los orígenes de los protagonistas de ambos álbumes, o fue algo que surgió a posteriori?

No, eso fue parte de la idea inicial: con los dos álbumes, se me ocurrió regalar en cada volumen un cuadernillo reminiscente de las Hazañas Bélicas originales, y el mejor pretexto era convertirlos en precuelas de las historias largas, donde se pudiera explorar el trasfondo de los protagonistas. Con Diego Olmos y Joan Marín, responsables del dibujo en ambos cuadernos, ya pude jugar más a un tono paródico, usando la rimbombancia franquista de los años 40/50 para introducir elementos progresistas. Por ejemplo, en Furia roja el narrador cree estar contando la abnegada epopeya de una sacrificada monja pura y sincera, y lo que el lector percibe es que en realidad le están colando una crónica de lesbianismo y reafirmación femenina. Además, me permití homenajes ya directos a la etapa de Boixcar, introduciendo personajes que fueron protagonistas de tebeos suyos en los años 50, como el padre Luis, al que muestro antes de que el autor catalán lo convierta en un misionero en la jungla birmana… Como entenderás, disfruté como un niño escribiendo todas estas historias, y con un editor como Joan Navarro sabía que podía jugar a recrear docenas de esos detalles y guiños.

– Mi sensación es que en la Serie Azul parodias más la obra original de Boixcar, y en la Roja, pese al tono pulp y desenfadado, dotas de mayor dignidad a sus protagonistas. ¿Voy errado?

Creo que depende. Sí existe alguna diferencia: en efecto, con el bando nacional es más fácil parodiar o satirizar los impulsos de “gallardía” y “ardor guerrero”, las emociones de una pieza, porque formaban parte de su discurso propagandístico y su concepto elemental del ser humano; y con el bando rojo, uno puede ahondar más en los efectos terribles e inhumanos de una guerra, máxime cuando ésta se desarrolla en un territorio común. Sin embargo, me permito mis licencias: a veces resulta mucho más cómodo moverse en el terreno épico con el bando franquista, porque ya das por hecho que ellos pueden matar sin grandes remordimientos ni exámenes de conciencia, como asumimos que hacen los antihéroes de muchos westerns estadounidenses. Los aceptas sin más, no les aplicas nuestra moral católicoizquierdista, y sigues disfrutando la convención de violencia, aunque personalmente seas una persona democratiquísima y pacifiquísima. Tú ves a Clint Eastwood asesinando a troche y moche y no te cuestionas todo el tiempo “¡cómo puedo estar empatizando con un tío tan despiadado!”. De hecho, antes sí acusaban a ese cine de fascista e hiperviolento, pero ya nos hemos acostumbrado tanto a la violencia en Hollywood, disneyficada además con el diluvio universal de superhéroes, que ya nadie se plantea siquiera esa pregunta. Nuestros hípsters pueden llevar a Harry el Sucio estampado en la camiseta porque el personaje no es español, ni más ni menos.

Yo he intentado desarrollar esta épica de la violencia desde la honestidad: no he cometido la trampa al espectador que por ejemplo perpetra Tarantino en Inglorious Basterds al hacer que los protagonistas declaren ser demócratas y defensores de libertades. Y hala, como han dejado claro que son del bando bueno, ¡ya pueden ponerse a matar y torturar a todo quisque, que es lo único que le interesa al director! Esa manipulación me parece muy pastelosa, y es uno de los motivos por los que lo considero el peor y más irritante filme de Tarantino. Siempre con sus detalles geniales, claro, como el asesinato de Hitler o la preparación de la emboscada final en plan videoclip de Tears for Fears. Pero creo que mi planteamiento es más honesto: “Vamos a ponernos burros, porque a veces mola ponerse burro en la ficción: y lo vamos a hacer sin traicionar las convenciones de los postulados de cada bando”.

En cambio, con los protagonistas republicanos, si matan, debo hacer que se cuestionen más a menudo el porqué matan. No pueden asesinar tan impunemente, aunque en muchos casos lo hacían, y cuando es así explico el motivo. Pero vamos, realmente he intentado insuflar de la misma dignidad e indignidad individual a cualquier protagonista, darles una oportunidad de defenderse o inmolarse moralmente y desmenuzar nuestra alma atávica desde todos los ángulos.

– La serie está llena de referencias históricas, se nota que hay un gran trabajo de documentación detrás. ¿Cómo te preparaste para ello?

Pues investigando. Mi padre es muy aficionado a la Historia y conserva sus buenos volúmenes de la transición dedicados a analizar la Guerra Civil. Pero no nos engañemos, con internet resulta también mucho más fácil y práctico dedicar sus horas a buscar documentación y localizar fuentes. Cuando encuentras joyas como ese recorte de un diario donde el Conde de Rossi anuncia su próximo desfile en Palma de Mallorca “sólo para mujeres” y amenaza con fusilar a cualquier varón adulto que se asome a los balcones o entre la muchedumbre…, claro, te das cuenta de que has dado con una pepita de oro y flipas con que nadie antes haya usado maravillas de tal calibre sobre la realidad española.

Al final de todo, y aunque suene horrible, lo que flota sobre mis historias es la sensación de que la memoria histórica no existe. La gente ve lo que quiere ver (igual que van a seguir bailando a Michael Jackson aunque sepan que era un pedófilo: pero sí condenarán a los escritores o cineastas pedófilos, porque ningún escritor o cineasta les importa TANTO como Michael Jackson), y los periodistas, políticos, opinadores y patriotas de uno u otro signo promueven la versión que les interesa promover para sus propias guerras tribales. Muchos hechos están ahí, sorprendentes, sanguinarios y casi siempre desmintiendo la versión oficial, tanto la franquista como en ocasiones la demócrata, pero nadie quiere verlos, sencillamente. Nadie quiere ver que en realidad el ser humano es un salvaje con una mecha muy corta y que cualquier coyuntura le puede hacer explotar. A veces, con un poco de optimismo, hasta se autoconvence de que su causa es lo bastante digna como para justificar la muerte de otros seres humanos. A todos nos interesa simplificar para no volvernos locos ni estar todo el tiempo revisando nuestras posturas. La autocrítica, además, no es una cualidad muy española, precisamente.

 

– Creo que una de los aspectos que más me han sorprendido de Nuevas Hazañas Bélicas es lo bien que se ajustan tus guiones a cada autor. ¿Trabajaste el guión con ellos, o sencillamente intentaste adaptarse a sus estilos naturales?

Me adapté totalmente a las virtudes de cada artista. Para mí, ésa es una de las obligaciones de todo guionista de cómics que se considere tal. Creo que paso unos guiones muy, muy detallados, tanto de planificación de página como de composición de viñetas. Pero siempre dejo claro al artista que se trata de una propuesta y que estoy abierto a aceptar cambios. En este caso, el ritmo de producción de dos Hazañas por mes hacía complicado lo de las reuniones a discutir el guion, así que el resultado en general se ajusta mucho a lo que yo concebí desde las teclas de mi ordenador. Calpurnio fue quien se tomó más libertades con mi guion original, y me parece bien, porque el resultado es fantástico. Con Miquel Fuster, por ejemplo, él de partida me propuso narrar las vicisitudes de su padre en un ignominioso campo de concentración francés, y me pareció un cambio interesante, porque el hecho de que fuera una historia real me daba mayor aplomo a la hora de abordar un drama republicano de pe a pa, y el plus de que fuera transmitido por el hijo del propio protagonista me quitaba todo temor a caer en el terreno de la manipulación y los excesos melo. Pedro Rodríguez también me animó a escribir sobre su tío abuelo falangista, un poco a manera de exorcismo de sus propios fantasmas familiares, y nos salió una historia muy Las cuatro plumas (soy muy fan de la última versión cinematográfica, la de Shekhar Kapur con Heath Ledger), gracias también a su elegantísimo estilo. Cada colaboración encierra un germen o proceso distintos, pero en general, nacen de mí proponiendo a cada historietista una idea, un tono, un punto de partida confeccionado a la medida de su talento. Por descontado, ése era también uno de los alicientes de escribir la serie, ver cómo podía adaptarme a cada superartista enrolado en ella.

– ¿Utilizaste la obra original de Boixcar para que tuvieran una referencia de lo que querías, o preferiste no condicionar su visión personal?

No, la referencia de Boixcar era un punto de partida lejano y cada artista decidía dónde le apetecía bucear. Con Keko sí teníamos más claro en La Cóndor pasa que, al tratarse de una aventura de aviación, 100% bélica, sí podíamos entrar más en el terreno del homenaje, de ahí esa splash page suya con la luz de luna tomando la apariencia de una calavera, alegoría muy habitual en Boixcar. Además, Keko posee un estilo maravillosamente retro muy afín al estilo puntilloso de Boixcar. Seguí me sorprendió, por ejemplo, con un toque muy “Familia Ulises” en su dibujo, que personalmente encontré delicioso… Por cierto, qué tío, cada día me entregaba una página completa terminada, y qué nivel, es una máquina: ahí me dije “yo quiero trabajar con este señor en algún álbum”. Pero vamos, yo tenía la intuición de por dónde irían ellos estilísticamente en base a sus propios bagajes y trabajábamos a partir de ahí. Ah, el episodio que sí fue una adopción deliberada de un grafismo radical fue el de ‘Las aventuras falangistas del joven Samaranch’, donde planteé al veterano Joan Escandell que adoptara un estilo tintinesco. No te creas que obligar a un artista de 80 años a imitar un estilo ajeno no resulta un poco osado y hasta censurable. Pero Escandell es un profesional como la copa de un pino. Confieso que ese episodio supuso mi venganza tanto contra el “chaquetismo” tan típico de la Transición como contra Tintin, un personaje que nunca he soportado.

– ¿Cómo llegas a la idea de recuperar a un personaje como Jan Europa para la serie?

Soy fan de Edmond desde niño. Pero más por sus ilustraciones para la colección de novelas policíacas El Club del Misterio, que yo coleccioné desde los diez a los doce años (de 1981 a 1983) que por sus aventuras de Jan Europa para las revistas de Bruguera. Sin embargo, dado que su héroe es (literalmente) inmortal, me pareció que sería un hermoso guiño a los seriales de aventuras hacer que protagonizase una de las Nuevas Hazañas. Traté de ser lo más respetuoso que pude y creo que incluso su aventura se puede inscribir en el canon del personaje, al ser coherente con los antecedentes imaginados por su creador. Fue un honor trabajar con Edmond, fue un sueño. Me sentí como Julio Iglesias cuando se le permitió hacer un dúo con Charles Aznavour.

– A lo largo de Nuevas Hazañas Bélicas hay parodias cinematográficas muy explícitas (Azaña bélico es un festival de guiños a Hitchcock, Welles, etc), pero muchas veces, y sobre todo dependiente del dibujante, se intuye cierta influencia del cine bélico de los años 40-50. ¿Buscaste de forma explícita ese tipo de referencias visuales, o fue algo intuitivo?

Sí, en Azaña bélico directamente me invento una película “perdida” de mi director favorito del Hollywood de los 30’ y 40’, Gregory La Cava, a cuya sensibilidad me siento muy cercano, porque sus personajes casi siempre proceden del barro y la mugre, como la familia de prostitutas de Ginger Rogers en Una nueva primavera o el vagabundo producto de la Gran Depresión en Al servicio de las damas.

En realidad no percibo en nuestra obra una gran influencia consciente del cine bélico, al menos en lo que toca a la parte bélica en sí. Siempre tienes en mente a Frank Miller para planificar y conmigo van inherentes unos ritmos medio alocados, más próximos a Howard Hawks que a John Ford (el cine de Ford siempre lo he considerado demasiado heterosexual para mi gusto).

Sin embargo, a toro pasado sí distingues muchos influjos artísticos levitando en los episodios, claro. Siempre pensé que la idea de enfocar la guerra alternativamente desde el bando franquista y desde el republicano me vino de la película El fuera de la ley de Clint Eastwood, donde el protagonista justamente airado es un sudista; pero en realidad la semilla estaba plantada antes con la película alemana El puente (1959) de Bernhard Wicki. La vi una tarde hacia los diez años y me volvió loco: la historia de cómo la maquinaria alemana enrola en el ejército a unos niños, desesperada por enviar nueva carne de cañón a la trituradora del frente, me tocaba demasiado cerca. Recuerdo que un par o tres de años más tarde me levanté a las siete de la mañana para volver a verla, porque sabía que la emitían en la tele pública. Ese filme me impresionó muchísimo y me hizo consciente desde crío del sufrimiento en todos los bandos y de lo valiente que resulta artísticamente señalar la inocencia allá donde se halle.

En cuanto al tono zumbón e irónico sobre la condición humana que sobrevuela las Nuevas Hazañas, supongo que ahí subyacen Starship Troopers y El libro negro de Paul Verhoeven, las dos mejores películas sobre cualquier guerra que he visto en las últimas décadas. Pero la mirada de Verhoeven siempre ha sido mi favorita en el abordaje de temas controvertidos y me siento muy a gusto entrando en sus planteamientos.

Finalmente, dos escritores de ficción bélica que me marcaron, después de desechar por sensacionalista al farsante de James Jones, son Tom T. Chamales y Sven Hassel. El primero era un veterano de la guerra de Corea que salió de ella muy tocado: por desgracia, murió a los 36 años cuando la colilla de su cigarrillo encendió su cama mientras dormía en ella borracho. Sus novelas Cuando hierve la sangre y Desnuda por el mundo me fascinan por su crudeza y ternura. Y en cuanto a Hassel, bueno, para mí es el Bukowski de la guerra. Sus novelas son todo violencia, crueldad, excrementos, muertos, mezquindades, ratas supervivientes… Toda una experiencia sobre lo miserable de la existencia para un niño lector.

Ah, me gustaría citar también a Elia Kazan. Sus películas y libros, definitivamente, me representan. Él entiende a la perfección a la clase baja, el pozo en el que vivimos y del que con un mucho de suerte salimos. En especial tengo siempre presente El compromiso, tanto su novela como su película, que toca las teclas emocionales y contradictorias que a mí me interesan.

Pero en esencia, ‘Nuevas Hazañas Bélicas’ rezuma amor por las aventuras por entregas e imagino que eso me viene de coleccionar las novelas de ‘El Coyote’ de José Mallorquí. ¡Ciento noventa y dos novelas componen la serie, y las compré todas desde los trece años, de 1983 a 1985! Me leí noventa y seis, justo la mitad, a una por semana. Mallorquí sin duda cimentó mi pasión por los folletines y seriales.

– ¿Por qué crees que el espectador cinematográfico español ve con tanta reticencia las películas sobre la Guerra Civil? Nuevas Hazañas Bélicas demuestra, creo, que se pueden contar muchas historias, y muy variadas, sobre el tema…

Aparte de La vaquilla de Berlanga y El bosc de Oscaraibar, no conozco muchas películas españolas interesantes sobre la Guerra Civil, tal vez porque abundan los panfletos que se acogen a la simplificación para contarte la historia facilona y lacrimógena de siempre. Los yanquis también simplifican vilmente su propia participación en la II Guerra Mundial, pero al menos te ofrecen un espectáculo a cambio. Comercian con las muertes de la guerra, lo cual no deja de albergar su honestidad cuando se hace abiertamente, como en general lo hacen ellos. Bueno, Roland Joffé realizó un delirante biopic reciente, Encontrarás dragones, sobre el fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, y tú ves la peli sin información previa y te es imposible que el tipo no te caiga bien, porque recibe exactamente el mismo tratamiento dramatizado y tonal que todos los biografiados “buenos” de Hollywood, exactamente el mismo. Y Joffé es un buen director. Aunque claro, luego ves cómo era el personaje real y se te hiela la sangre… Pero a lo que voy: si Escrivá de Balaguer fuera un tipo de Estados Unidos o de Noruega, hubiéramos aceptado ese retrato sin ninguna reticencia. Lo patético fue ver a los actores españoles de la peli arrepintiéndose en público de haber participado en ella, ja ja ja. No se negaron a participar desde el inicio, no: dijeron, “coño, una peli con este tío oscarizado, hay que aceptar sí o sí”… Luego vieron la que les podía caer encima en nuestro pensamiento único cultural y hala, a disculparse para que no los marginen en la industria española. Eso sí es penoso.

¿Por qué disculparse? Con decir que se trataba de una fantasía de entretenimiento es suficiente. ¿Acaso se disculpó Gary Oldman por transformar al patriotero reaccionario de Winston Churchill en un progresista amante de las minorías étnicas? No, ¡se llevó el Oscar a su casa y santas pascuas! Y ya tenemos nueva Memoria Histórica para rato. Pues eso es la Memoria Histórica, amigos: la noción en el imaginario colectivo de que Winston Churchill era en verdad un humanista bonachón que convencía a los negros de que podían ser ciudadanos británicos de primera si cerraban filas contra el demonio alemán. Hasta que salga una nueva versión de Hollywood donde se descubra que Churchill era en realidad Papá Noel…

Deberían hacer alguna película de la Guerra Civil donde se cuente una buena aventura y, de paso, se vea realmente lo que es estar en los dos frentes y en las dos retaguardias. Obligarnos a mirar la abominación del franquismo y unas cuantas sordideces cometidas en nombre de la República, pero de modo que comprendamos que forman parte insoslayable de nuestra propia naturaleza y pasado como sociedad. A fin de cuentas, humanizar el conflicto y alejarnos de maniqueísmos y simplezas que, en lugar de entretener, encima pretenden aleccionar ¡y hacerse pasar por veraces!

 

– ¿Consideras que te han quedado historias por contar en el tintero?

Pues pensaba que no, pero ahora mi editor, Óscar Valiente, me ha retado a que si agotamos tres ediciones de ‘Nuevas Hazañas Bélicas’, me encarga 22 historias más… Así que ya estoy con la mente alerta y asaltándome a traición con nuevas premisas. Y pensando cosas como “joder, cómo me gustaría que Roger Ibáñez dibujara una Nueva Hazaña Bélica… y que Irene Roga también aceptara dibujar una… y Belén Ortega… y Carlos Pacheco… y Carla Berrocal… y Manolo Carot… y…”.

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